A medida que estoy avanzando con la lectura de El amor en los tiempos del cólera, me doy cuenta de que esta no es solo una historia de amor, sino una exploración profunda de la persistencia del deseo, la soledad y la forma en que el tiempo moldea los sentimientos humanos. La narración salta constantemente entre el pasado y el presente, como si la memoria fuera otro personaje más, guiándonos por los momentos que marcaron la vida de Florentino Ariza y Fermina Daza.
Uno de los aspectos que más me ha impactado es la manera en que García Márquez construye el amor de Florentino por Fermina. No es un amor convencional ni necesariamente sano, sino una pasión que roza la obsesión, que se mantiene viva a pesar del rechazo, las décadas de distancia y la construcción de nuevas vidas. Es inquietante la forma en que Florentino nunca deja de esperar, adaptando su vida entera alrededor de la idea de un amor que, en realidad, apenas tuvo la oportunidad de existir en su juventud.
Fermina Daza, por su parte, me parece un personaje fascinante. Mientras que Florentino vive consumido por la nostalgia y la espera, ella toma decisiones más sensatas. Su rechazo a Florentino no parece ser solo un capricho, sino una elección consciente de lo que considera mejor para su vida. Su matrimonio con Juvenal Urbino no es una historia de pasión arrebatadora, pero sí una relación construida sobre la estabilidad y la rutina, lo que contrasta con la intensidad idealizada del amor de Florentino.
Lo que más me asombra es cómo la novela retrata el paso del tiempo. No es solo que los personajes envejecen físicamente, sino que sus emociones, sus prioridades y su visión del amor cambian de manera constante e irreversible. La vida de Florentino, aunque fue marcada por la espera de Fermina, no es estática: se involucra con numerosas mujeres, pero siempre con la sensación de que ninguna de ellas puede ocupar el lugar que ha reservado para Fermina. Como si nadie pudiese llenar el vacío que ese amor fugaz dejó en su vida.
A este punto, es inevitable para mí el preguntarme: ¿es posible que el amor que se ha considerado más como una idea que una realidad, pueda sobrevivir cuando el tiempo y la vida han hecho todo por transformarlo? García Márquez no nos da respuestas sencillas, y eso es justo lo que hace que esta historia sea tan fuerte. A lo largo del libro se siente una tristeza profunda, la sensación de que la vida está llena de momentos que se escapan y recuerdos que, por más que pase el tiempo, siguen ahí sin desaparecer.
Sigo metida en la lectura, enganchada con el destino de estos personajes. No sé si Florentino y Fermina realmente van a conseguir lo que quieren, pero tengo claro que este libro no trata solo de una historia de amor. Habla de cómo los sentimientos cambian con el tiempo, de cómo algunos recuerdos no se sueltan y de cómo, a veces, el amor se vuelve la única cosa segura en medio de todo lo incierto de la vida.
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